En Chile, tanto las organizaciones sin fines de lucro como las empresas y sociedades desarrollan un rol esencial en el bienestar social. Aunque sus estructuras jurĂdicas son distintas, la funciĂłn que cumplen ante la comunidad es, en muchos casos, la misma: ayudar, apoyar, brindar servicios y contribuir al desarrollo humano.
Las organizaciones sin fines de lucro, como fundaciones y corporaciones, se constituyen con el objetivo de actuar en beneficio del interĂ©s pĂșblico, sin generar utilidades para sus miembros. Las empresas, por su parte, nacen con fines econĂłmicos, pero muchas han adoptado un compromiso concreto con las personas, los territorios y las necesidades sociales, invirtiendo recursos en proyectos que impactan positivamente a las comunidades. AsĂ, ambas conviven en un escenario donde la frontera entre lo econĂłmico y lo social se vuelve cada vez mĂĄs difusa.
Recientemente, el Estado chileno, a travĂ©s del Servicio de Impuestos Internos, ha implementado nuevas normativas que obligan a las organizaciones sin fines de lucro a declarar sus ingresos si superan las 12.000 UF anuales. AdemĂĄs, cuando estas organizaciones prestan servicios afectos a IVA, deben tributar como cualquier empresa. Esto ha generado un cambio en la percepciĂłn de estas entidades, acercĂĄndolas mĂĄs a un tratamiento similar al de las sociedades con fines de lucro. Aun asĂ, su esencia permanece: no distribuir ganancias, sino reinvertir todo en su misiĂłn social.
El financiamiento tambiĂ©n marca una diferencia, pero no cambia la intenciĂłn. Muchas de estas organizaciones reciben subvenciones del Estado o donaciones ciudadanas, mientras que las empresas suelen financiar sus acciones sociales con recursos propios o mediante programas de responsabilidad social empresarial. Ambas aportan al tejido solidario del paĂs: una desde la sociedad civil organizada y otra desde el mundo productivo.
Un ejemplo claro es la labor que realiza la Alianza Mundial Aymara, iniciativa impulsada por la FundaciĂłn Mariposas de Miraflores, una organizaciĂłn sin fines de lucro que ha desarrollado diversas acciones en educaciĂłn, salud, fortalecimiento de infraestructura rural y asistencia solidaria a comunidades. En el Ășltimo año, ha liderado el restablecimiento y promociĂłn de la lengua y las tradiciones aymaras en AmĂ©rica Latina, evidenciando que, con o sin fines de lucro, lo verdaderamente relevante es el impacto y la voluntad de servicio.
Por esta razĂłn, no deberĂa existir rivalidad ni discriminaciĂłn entre estas formas jurĂdicas. La tarea de contribuir al bienestar comĂșn debe ser vista como un esfuerzo compartido, sin prejuicios ni competencia entre quienes dedican su quehacer a causas sociales. Las organizaciones sin fines de lucro no debieran mirar con recelo a las sociedades comprometidas con la comunidad, ni las empresas sentirse ajenas al mundo solidario. En tiempos en que las necesidades son muchas y los recursos escasos, toda alianza sincera por el bien comĂșn es bienvenida.
El desafĂo estĂĄ en reconocer el valor de cada actor, mĂĄs allĂĄ de su forma jurĂdica. Porque si el propĂłsito es el mismo âservir a la sociedad y generar bienestarâ, entonces el camino tambiĂ©n puede ser uno solo: el de la colaboraciĂłn con propĂłsito.
HĂ©ctor Paucara Galindo, colaborador de la Alianza Mundial Aymara, expresĂł que «la Alianza Mundial Aymara nos ha permitido volver a mirar nuestras raĂces con dignidad y fuerza. Esta labor no solo rescata la lengua y las costumbres, sino que fortalece la identidad de nuestros pueblos en todo el continente. La solidaridad que impulsa esta red no necesita un marco legal especĂfico: nace del compromiso real con nuestra historia y nuestro futuro colectivoâ, concluyĂł.
