A medida que avanzan las metas de recolección de envases y embalajes, el sistema se enfrenta a un desafío que la tecnología no puede resolver por sí sola: la contaminación de los residuos desde el origen. El éxito de la normativa hoy depende de un cambio cultural urgente.
La implementación de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) ha marcado un antes y un después en la gestión de residuos a nivel nacional. Las inversiones en infraestructura, logística y sistemas de trazabilidad han dominado la agenda corporativa durante el último año. Sin embargo, a medida que los camiones recolectores recorren las calles y los puntos limpios aumentan su capacidad, un obstáculo silencioso amenaza la eficiencia del sistema: la falta de educación ambiental.
Los expertos en sostenibilidad advierten una desconexión crítica. Las plantas de valorización están recibiendo un alto porcentaje de materiales contaminados, mezclados con materia orgánica o elementos no reciclables. Este fenómeno no responde a una falta de voluntad de las personas o de los colaboradores en las empresas, sino a una profunda desinformación sobre cómo separar correctamente desde el origen.
La Ley REP obliga a las empresas a hacerse cargo de los envases y embalajes que introducen en el mercado, pero el primer eslabón de esta cadena logística está en el comportamiento humano. Si un envase de cartón llega impregnado de aceites industriales o restos de comida, pierde automáticamente su valor comercial y termina, inevitablemente, en un relleno sanitario, encareciendo y entorpeciendo todo el proceso de recolección.
Frente a esta brecha, el desafío para los sistemas de gestión ya no es solo desplegar infraestructura, sino invertir fuertemente en campañas de cambio cultural. La evidencia demuestra que cuando se integran programas continuos, las tasas de rechazo caen drásticamente. Un caso empírico de este impacto es el trabajo conjunto liderado por Bendito Residuo prestando servicios a una destacada compañía de la industria automotriz. Mediante la implementación de un modelo que combinó la gestión operativa con activaciones, charlas educativas y talleres prácticos para los trabajadores de este cliente, la empresa logró aumentar su tasa de reciclabilidad de un 67,6% a un 96,21% en un periodo de tres años.
Este cambio cultural interno permitió que apenas un 3,79% de los residuos de la compañía terminara en rellenos sanitarios, incrementando además su mitigación ambiental al pasar de 6,4 a 15,3 toneladas de CO2 evitadas en la atmósfera.
El enfoque operativo de la firma de gestión ambiental evidencia que el acompañamiento constante, la entrega de información clara sobre la materialidad de cada residuo y la simplificación del mensaje técnico son herramientas indispensables para transformar a los colaboradores y ciudadanos de simples generadores de basura a verdaderos gestores de primera línea.
El éxito a largo plazo de la Ley REP no se medirá únicamente en las toneladas de material procesado en las plantas industriales, sino en la capacidad del ecosistema público-privado para instaurar un hábito de separación limpio y consciente. Sin educación, la economía circular es solo una promesa; con ella, se convierte en el motor de las ciudades del futuro.
