A pocos dĆas de las elecciones, despuĆ©s de aƱos de desconfianza acumulada, la ciudadanĆa se enfrenta a una encrucijada moral y polĆtica. El paĆs no solo elegirĆ” a sus gobernantes: se elegirĆ” a sĆ mismo. Esta reflexión busca mirar de frente al miedo que nos paraliza y recordar que votar con conciencia sigue siendo el acto mĆ”s humano y transformador que tenemos.
DespuĆ©s de tanto recorrer las calles, escuchar los debates y conversar con la gente, sentimos una verdad profunda: el paĆs tiene miedo a votar. Miedo a volver a equivocarse, miedo a repetir lo mismo, miedo a cambiar y perder lo poco que se tiene. No es solo desconfianza en los candidatos; es cansancio, hartazgo y una herida que no ha sanado.
Lo vemos y lo escuchamos en cada conversación. Personas que prefieren no hablar de polĆtica, que se sienten defraudadas, que no esperan nada de nadie. Muchos estĆ”n optando por votar en blanco o anular el voto como seƱal de descontento, como si eso bastara para ser escuchados. Pero esa resignación tambiĆ©n se convierte en una forma de silencio que perpetĆŗa lo que justamente queremos cambiar.
Nos hemos acostumbrado a sobrevivir entre promesas rotas y discursos reciclados. Por eso, cuando aparece alguien distinto, la primera reacción no es esperanza, sino desconfianza. Pensamos que no puede ser verdad, que otra vez nos quieren engaƱar. AsĆ, el miedo termina siendo mĆ”s poderoso que la posibilidad del cambio.
Durante dĆ©cadas, nos han enseƱado a desconfiar de todo y de todos. A mirar la polĆtica como un campo de batalla ajeno, no como una herramienta para reconstruir lo comĆŗn. Esa desafección nos ha convertido en espectadores de un sistema que se alimenta de nuestra indiferencia. Nos parecemos a esos ratones que corren en la rueda convencidos de avanzar, cuando en realidad no se mueven de lugar.
Si seguimos asĆ, sabemos lo que pasarĆ”. El lunes 17 de noviembre, cuando despertemos despuĆ©s de votar, muchos sentirĆ”n que nada cambió. Que el paĆs sigue atrapado en el mismo cĆrculo del poder y la obediencia, de los que mandan y los que esperan. Pero esta vez todavĆa tenemos una oportunidad.
Podemos votar con conciencia, con sentido de paĆs, con mirada de futuro. Podemos atrevernos a romper el miedo. No se trata de derechas o izquierdas, ni de lemas ni colores. Se trata de reencontrarnos con la dignidad y la responsabilidad que implica decidir. Se trata de recordar que el poder no estĆ” solo en las instituciones, sino en cada uno de nosotros cuando asumimos nuestro rol ciudadano.
El cambio no nace de un decreto ni de un lĆder. Nace del momento en que cada persona marca su voto sabiendo lo que representa. Es un acto Ćntimo, libre y trascendente. No votamos solo por un candidato; votamos por la historia que queremos escribir, por el paĆs que queremos dejar a nuestros hijos, nietos y bisnietos.
Y no es exageración decir que esta puede ser una de las últimas elecciones realmente libres. Pronto llegarÔ el voto electrónico, y con él, la posibilidad de que un algoritmo decida por nosotros sin que podamos comprobarlo. Si hoy desconfiamos del conteo manual, mañana quizÔs ni siquiera sabremos quién movió la balanza a favor o en contra de nuestra voluntad.
Por eso, votaremos con conciencia, porque el paĆs lo necesita. No por un rostro ni por una bandera, sino por el derecho a seguir creyendo en la democracia, en la verdad y en nosotros mismos. No queremos seguir siendo rehenes del miedo ni cómplices de la indiferencia. Queremos volver a sentir que nuestra voz vale, que nuestro voto cuenta, que somos parte de una historia que aĆŗn podemos transformar.
Chile no cambiarĆ” por magia ni por milagros. CambiarĆ” cuando entendamos que el miedo no es una protección, sino una frontera. Cuando asumamos que el poder real no estĆ” en los poderosos, sino en el pueblo que decide. Y si decidimos con conciencia, el paĆs tendrĆ” la oportunidad de renacer.
El domingo 16 de noviembre no serĆ” solo un dĆa de elecciones; serĆ” el dĆa en que podamos mirarnos al espejo y saber si elegimos con miedo o con esperanza. Si seguimos dando vueltas en la rueda del conformismo o si, por fin, decidimos avanzar.
Votaremos con conciencia, porque amamos este paĆs, porque aĆŗn creemos en su gente, y porque no renunciaremos a la posibilidad de un Chile mĆ”s justo, mĆ”s humano y mĆ”s digno. Porque lo que estĆ” en juego es quiĆ©nes seremos nosotros, ciudadanos y ciudadanas de Chile.
Juan Carlos HernƔndez Caycho
Periodista y fundador del Pensamiento Qhananchawi
